La experiencia mística y el proceso de individuación

Ultima actualización: 21 Feb, 2011 - 12:45:41
Algunas consideraciones sobre el poema de San Juan de la Cruz "Noche oscura de la subida al Monte Carmelo" En una noche oscura,...



La experiencia mística y el proceso de individuación

Algunas consideraciones sobre el poema de San Juan de la Cruz "Noche oscura de la subida al Monte Carmelo" En una noche oscura,...


Algunas consideraciones sobre el poema de San Juan de la Cruz "Noche oscura de la subida al Monte Carmelo"

En una noche oscura,
con ansias, en amores inflada,
¡oh dichosa ventura!,
salí sin ser notada,
estando ya mi casa sosegada;
a escuras y segura
por la secreta escala, disfrazada,

¡oh dichosa ventura!,
a escuras y encelada,
estando ya mi casa sosegada;
en la noche dichosa
en secreto, que nadie me veía
ni yo miraba cosa,
sin otra luz y guía
sino la que en el corazón ardía.

Aquésta me guiaba
más cierto que la luz del mediodía
adonde me esperaba
quien yo bien me sabía,
en parte donde nadie parecía.

¡Oh noche que guiaste!;
¡oh noche amable más que la alborada!;
¡oh noche que juntaste
Amado con amada,
Amada en el Amado transformada!

En mi pecho florido,
que entero para él solo se guardaba,
allí quedó dormido,
y yo le regalaba,
y el ventalle de cedros aire daba.

El aire del almena,
cuando yo sus cabellos esparcía,
con su mano serena
en mi cuello hería,
y todos mis sentidos suspendía.

Quédeme y olvídeme,
el rostro recliné sobre el Amado;
Cesó todo y déjeme,
dejando mi cuidado
entre las azucenas olvidado.

(San Juan De la Cruz)

Desde tiempos inmemoriales, la unión mística ha sido un símbolo de la unificación de los contrarios. Por tanto, representa, en sí mismo, el camino por el que la libido podrá discurrir, cual siempre lo ha hecho y, probablemente, siempre lo hará. Como tal es una expresión de la nueva línea por la cual se encontrará la suprema intensidad de vida. De esta suerte, se comprenderá por qué, en este trabajo, se dirige la atención a la obra de uno de los místicos españoles más importantes.

La vía mística descrita por San Juan se asemeja, en su esencia, a la vía de la individuación, tal y como la describe Jung (1997). Recordemos, que por individuación ha de entenderse aquella vía que conduce a la autorrealización, es decir, al desarrollo y expresión de las potencialidades dadas.

Por su agudeza psicológica en el abordaje del proceso que conduce a la unión del alma con Dios, de un lado, y por la altura de su sentir y pensar religiosos de otro, San Juan de la Cruz es, junto con su amiga del corazón Santa Teresa de Jesús, uno de los representantes más excelsos de la mística española del siglo XVI. Por ello, voy a realizar un pequeño recorrido por las canciones en su libro Subida del Monte Carmelo, centrándome en el material que más directamente atañe a los objetivos de la presente investigación.

En su “noche oscura de la subida al Monte Carmelo”, San Juan nos describe su visión en un poema delicioso. Luego, en lo que llamaríamos un “proceso analítico” sui generis, va ampliando con extraordinaria maestría, cada fragmento del poema, aportando su interpretación nacida de una mezcolanza de elementos experienciales y bíblicos. La concepción y explicación psicológicas del proceso son una auténtica guía para el desorientado espíritu de esta, nuestra época.

Dice el propio santo, en su prólogo, que la descripción de la subida al monte será de provecho para los menos, pues “aquí no se escribirán cosas muy morales y sabrosas para todos los espirituales que gustan de ir por esas cosas dulces y sabrosas a Dios, sino una doctrina sustancial y sólida, así para los unos como para los otros, si quisieren pasar a la desnudez de espíritu que aquí se escribe”. Con ello parece dar a entender el sabio que no ha de esperarse que el camino sea fácil, tales como “cosas dulces y sabrosas” sino, antes bien, una decidida observancia a la voz interior (que pocas veces coincide con lo que nuestro ego pretende). Y, en ese difícil viaje que es la vida, la fidelidad a Dios es la conditio sine qua non de la unión con El.

En su libro primero, encontramos el siguiente pasaje “para que un alma llegue al estado de perfección, ordinariamente ha de pasar primero por dos maneras principales de noches, que los espirituales llaman purgaciones o purificaciones del alma. Y, aquí las llamamos noches, porque el alma, así en la una como en la otra, camina como de noche, a oscuras.” Y continúa diciendo “La primera noche o purgación es de la parte sensitiva del alma..., y la segunda es la de la parte espiritual...”. Inmediatamente nos explica “Y esta primera noche pertenece a los principiantes al tiempo que Dios los comienza a poner en el estado de contemplación, de la cual también participa el espíritu... Y la segunda noche o purificación pertenece a los ya aprovechados al tiempo que Dios los quiere ya (comenzar a) poner en el estado de la unión con Dios; y esta es más oscura y tenebrosa y terrible purgación...”

Vázquez (1999) nos recuerda, en un magnífico artículo, lo que dijera Jung respecto a las fases del proceso de individuación, a saber “si la discusión con la sombra es la prueba que consagra oficial al aprendiz, la discusión con el anima es la prueba que consagra maestro al oficial”.

De lo dicho se colige que, la primera noche se correspondería con “la discusión con la sombra”, mientras que la segunda noche, la de los ya aprovechados, se correspondería con la diferenciación del anima, o mejor, con “la discusión con el anima” como imagen del alma personificada en sueños y visiones fantásticas, y su transformación en función de relación con lo inconsciente colectivo y con el el Ser (arquetipo de la totalidad).

La “primera noche o purgación” está constituida por tres partes. En una primera parte, San Juan de la Cruz se refiere a la “carencia de apetitos” por las cosas de este mundo, aludiendo al símil del fuego que quema y purifica la instintividad del iniciado. Con ello, se ahuyenta al demonio “que tiene poder en el alma por asimiento a las cosas corporales o temporales”.

Esta primera etapa de la subida al monte (individuación) se corresponde con la toma de conciencia de la parte de sombra. Por tanto, se trata del correspondiente inicio del proceso de individuación. Aquí, se han de traer a la luz de la conciencia los obscuros contenidos del inconsciente individual, para lo que ha de realizarse un esfuerzo moral, que retire las proyecciones en los objetos exteriores. Esta retirada permite darse cuenta de los contenidos inconscientes, que antes habían sido proyectados contaminando las relaciones con nuestros prójimos.

Esa toma de conciencia de la sombra, acontece en un período de introspección, en el que la libido esta vuelta hacia sí misma. Por lo tanto, la libido se ha retraído de los objetos o “de las cosas corporales y temporales”, para llegar a la fuente de las imágenes primordiales (lo inconsciente colectivo). Llegados a un cierto punto del camino, la noche se hace más obscura y la regresión que tiene lugar lleva al hundimiento en las aguas madres y a la pérdida de orientación y comprensión.

El camino se enangosta y se pierde la visión clara de la ruta. Y aquí llegamos a la segunda parte de la noche del santo, “que es la fe, (y) se compara a la medianoche que totalmente es oscura”. En esta fase del proceso de individuación, se ha entrado en un terreno desconocido, llegando a la matriz en la cual se descubren las raíces de la identidad inconsciente. Sin embargo, al principio sólo se tiene una vaga idea de lo que está sucediendo. Se confía ciegamente en Dios (el Ser) como personalidad total e imago Dei. Pues se tiene un sentimiento profundo y obscuro de certeza, en la realidad arropada por los símbolos creados por lo inconsciente. No es extraño que, en esos momentos, afluyan a la conciencia contenidos simbólicos en forma de imágenes o visiones, así como eventos sincronísticos, que sólo después parecen unificar los procesos que tienen lugar en lo inconsciente, con los acontecimientos objetivos (Grimaldi, 2000). Sin embargo, mientras el cristiano se rige por la vía ya trazada por sus rituales o bien en la Biblia, la individuación es un camino que se guía por la función generadora de símbolos.

La expresión artística de los mismos y su interpretación psicológica son los baluartes de esta vía. Así, mientras que para el sacerdote cristiano el camino de acceso a Dios está institucionalizado y regido por el canon de las Sagradas Escrituras, para el psicólogo analítico este camino es vivencial y, por lo tanto, es único e irrepetible. Uno nunca sabe con certeza cuales son los designios del Ser, ni qué camino deberá tomar en cada encrucijada con antelación. Motivo por el cual, la consciencia debe ser lo más comprehensiva posible, puesto que nunca se sabe lo que Dios pueda pedirle a su amado hijo, ni los agravios que habrá de soportar por la incomprensión y los prejuicios de sus prójimos. Esa es la cruz que ha de llevar todo aquel que se distancie del colectivo para seguir su propia y exclusiva senda.

Dice San Juan de la noche activa del sentido que “fue dichosa ventura, meterla Dios en esta noche, de donde se le siguió tanto bien, en la cual ella no atinara a entrar, porque no atina bien uno por sí solo a vaciarse de todos los apetitos para venir a Dios.” Con ello alude a la exención del libre albedrío en la entrada a la noche del alma. Es decir, el inicio de la Subida al Monte está jalonado por la obscuridad, el caos, la perturbación que caracterizan a la noche saturnal. Acontece de forma involuntaria, en tanto que la voluntad consciente nada tiene que decir cuando se constela un arquetipo.

Ese período se caracteriza por la tensión, provocada por la distensión de los opuestos, por la enemistad de las distintas potencias psíquicas. Todos ellos son sinónimos de la prima materia de los alquimistas. Psicológicamente es el inicio del proceso de individuación. De ahí que continúe diciendo el santo “esta noche pertenece a los principiantes al tiempo que Dios los comienza a poner en el estado de contemplación, de la cual también participa el espíritu...”

Fuente: webislam.com





Este artículo se publicó originalmente el 21 Feb, 2011 - 12:42:06

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