Nuevo despertar del islam: dudas sobre el paradigma moderno

Ultima actualización: 28 Ene, 2011 - 15:11:06
Una cosa desde luego no habría imaginado nunca Atatürk, con su fe en Europa: un resurgimiento del islam como el que se ha producido después de la Segunda Guerra Mundial. Los factores decisivos son bien conocidos:..



Nuevo despertar del islam: dudas sobre el paradigma moderno

Una cosa desde luego no habría imaginado nunca Atatürk, con su fe en Europa: un resurgimiento del islam como el que se ha producido después de la Segunda Guerra Mundial. Los factores decisivos son bien conocidos:..


Nuevo despertar del islam: Dudas sobre el paradigma moderno

Una cosa desde luego no habría imaginado nunca Atatürk, con su fe en Europa: un resurgimiento del islam como el que se ha producido después de la Segunda Guerra Mundial. Los factores decisivos son bien conocidos:

— en los años cincuenta y sesenta, la liberación politica, por parte de los países islámicos, de la dominación colonial,

— y en los años setenta, los éxitos económico-militares, como la guerra árabe-israelí, el embargo del petróleo y la victoria del ayatolá Jomeini sobre el sha y Estados Unidos en 1979.

Pero no menos importante que esta conciencia de la propia valía y del propio poder fue, en definitiva, el desengaño de los musulmanes ante el mundo  occidental: sus crisis, su unilateral toma de partido a favor de Israel, su inmoralidad y su ateísmo.

El despertar islámico (que ya propugnaba en el siglo XIX, en especial contra el colonialismo europeo, el reformador islámico Yamaleddin al-Afghani) no debe ser considerado solo militante reacción politica contra el colonialismo y el imperialismo occidental. Ni tampoco un indicador, de alarmante ambivalencia, del escaso éxito logrado por Occidente con su politica de desarrollo basada en la transferencia de tecnologías. Ni, menos aún, un reflujo religioso-reaccionario de la oleada, fuerte pero inútil, secular-revolucionaria.

Se trata de dudas de principio sobre el paradigma moderno, dudas que hoy también ganan terreno en Europa y Norteamérica. Por eso, los musulmanes y musulmanas de orientación «islamista» ven en el Estado islámico la gran alternativa político-religiosa al Estado secular de Atatürk. Ante ese materialismo sin moral ni religión, tan difundido en Oriente y en Occidente, buscan una nueva base espiritual para la economía, la cultura y la sociedad en el retorno a la fe en el Dios único (tawhid) y al sometimiento (islam) a su voluntad, a sus mandamientos.

Pero otros, de mentalidad «laicista», reclaman más que nunca una separación radical entre religión y política. Teniendo en cuenta la posición islamista y la secularista se plantea en cuanto al futuro la siguiente pregunta fundamental:

¿Es posible un islam reformado posmoderno?

En Turquía, los problemas del islam se concentran como los rayos del sol en un espejo cóncavo. El país está en pleno proceso de transformación económica, política, social, y se esfuerza por lograr una remodelación democrática. En Turquía, con sus 71.000 mezquitas, están también en juego hondas cuestiones religiosas y morales: en último término, el retorno de la nación a su base islámica, profundamente arraigada en la vida de esos pueblos. La «muerte de Dios», anunciada por los modernos profetas europeos del ateísmo, se ha producido en el islam aún menos que en el occidente «cristiano».

Y es innegable que los imperativos éticos del Corán a favor de más justicia, honradez, discreción, moderación, compasión e indulgencia han sido eficaces y pueden seguir siéndolo. Por otra parte, los renovadores islámicos no rechazan por completo la modernidad europea. Pero en esa modernidad quieren mantener la identidad islámica. Quieren, al menos en principio, vivir un islam que rechace la occidentalización y la total secularización pero acepte el desarrollo y la modernización.

Por eso, de modo semejante al cristianismo católico anterior al Concilio Vaticano Segundo, el islam también se ve confrontado con el problema de religión y futuro: ¿sigue siendo el islam un factor exclusivamente conservador o pasará a ser un factor social progresista y liberador?

¿Hasta qué punto es posible en el islam una renovación orientada básicamente hacia el futuro, consciente de los problemas y dispuesta a aceptar cambios? ¿Hasta dónde llega su disposición a cambiar, ante la perspectiva de un mundo que ahora entra en el siglo XXI? ¿Seguirá dominado el Estado, a despecho de las en parte espectaculares modernizaciones tecnológicas, por instituciones religiosas ancladas en la teología medieval, el derecho medieval, la estructura social medieval?

¿Quién saldrá vencedor?

Sí, ¿quién, a la postre -en el derecho y la administración de justicia, en la umma y el Estado, en la ciencia y la sociedad- prevalecerá políticamente? ¿Serán los tradicionalistas ortodoxos? Estos -dejando de lado el desarrollo de la ciencia, del
derecho, de la sociedad- quieren imponer la aplicación literal de los preceptos detallados de la sharia al orden económico y social actual y dejarlo anclado, de hecho, en el paradigma medieval.

¿O serán los innovadores religiosos y políticos? Estos, oponiéndose a ese estancamiento en la tradición (taqlid, «imitación») -y teniendo en cuenta el cambio de paradigma que ya se ha producido-, quieren abrir la puerta de la interpretación (ichtihad) autónoma, puerta que permanece cerrada desde aproximadamente el año 900, y «trasladar» el mensaje del Corán a la actualidad, haciendo así posible una economía, una ciencia y una sociedad eficientes para bien de los hombres.

A veces dicen los turcos que ellos harán entrar en el siglo XXI un islam de rostro amable, en lugar del islam mancillado por los actos de terror de los extremistas musulmanes. Es de esperar que así sea, pero eso supone, como condición indispensable, la inequívoca fundamentación en el islam de los derechos universales humanos y la solución del problema kurdo. Los derechos humanos
exigen categóricamente la igualdad de derechos tanto para las mujeres como para los no musulmanes.

En este punto, la «Declaración de El Cairo sobre los derechos humanos en el islam», formulada por 40 Estados miembros de la «Organización de la conferencia islámica», queda por debajo de la Declaración de los derechos humanos de las Naciones Unidas, de 1948 (y lo mismo vale para el derecho a la integridad fisica).

Tender puentes

Cuando se está delante de este enorme puente colgante sobre el Bósforo, un puente, que antes nadie hubiera considerado posible, entre Europa y Asia, entre Occidente y Oriente, entre los tiempos antiguos y los tiempos modernos, uno se pregunta: ¿Cuál será el futuro de esta ciudad, de este Estado turco tan lleno de contradicciones? ¿Cuál será el futuro del islam aquí y en otros países?

¿Quiénes serán los herederos, de esta religión y de esta civilización de 1.300 años de antigüedad? ¿Serán los modernistas y secularistas, que creen poder prescindir del islam y de la religión en general?

¿O los tradicionalistas y fundamentalistas, que creen poder volver a dar un nuevo fundamento espiritual y religioso a esas sociedades sobre la base de la exacta observación de los textos religiosos?

Quiero esperar que no logren del todo su propósito ni los unos ni los otros. Sino que vuelvan a tener más influencia quienes desean conservar la sustancia del islam pero intentan al mismo tiempo trasladar el mensaje del Corán a los tiempos actuales. Por tanto, ni un secularismo ateo ni un fundamentalismo ajeno al mundo. Antes bien, una religión capaz de aportar de nuevo, precisamente al hombre de hoy, un horizonte cargado de sentido, normas éticas y una patria espiritual.

Una religión, en cualquier caso, que no separe ni divida, sino una religión que una y reconcilie. Porque lo que nuestro tiempo necesita sobre todo es tender puentes, tender puentes en lo pequeño y en lo grande. Tender puentes para, a pesar de las dificultades, las divergencias, las confrontaciones, poder ver sin embargo lo común: lo común sobre todo en los valores éticos y en las actitudes éticas. Para profesar esos valores y normas comunes y tratar también de vivirlos.

El mundo no puede sobrevivir sin una ética universal

En el islam actual también existen esos «hacedores de puentes», esos innovadores en lo religioso y lo político, que abogan por un islam reformado posmoderno y que solo toman el Corán como línea de orientación.

Justamente en el Corán hay valores, normas y actitudes humanos, aunque, de modo semejante a la Biblia, no hayan cobrado vigencia como derecho individual (en el sentido del Estado constitucional occidental). Sobre la base del Corán y desde el interior del islam los musulmanes pueden acceder a los derechos humanos y trabajar por una ética universal para bien de la paz del mundo y de la justicia en el mundo. «Desea a los hombres lo que deseas para ti mismo, así serás musulmán», dijo una vez el profeta Muhámmad y con ello formuló la Regla de Oro.

¡Quién de nosotros no podría lanzar lamentos sin fin sobre tanto sufrimiento y miseria como hay en este mundo! Pero quién de nosotros podría negar que continuamente aparece gente que -en lo grande y en lo pequeño- puede hacer cambiar, ha cambiado, quiere cambiar a mejor este mundo dilacerado. A ellos precisamente he querido dar ánimos en los siete capítulos de este libro: no con
una exaltada utopía sino con una visión realista.

Repito y resumo los principios que definen mi trabajo y el que llevan a cabo sobre el terreno innumerables personas:

No hay paz entre las naciones sin paz entre las religiones.

No hay paz entre las religiones sin diálogo entre las religiones.

No hay diálogo entre las religiones sin normas globales éticas.

No hay supervivencia de nuestro globo sin una ética global, sin una ética universal.

Fuente: webislam.com





Este artículo se publicó originalmente el 28 Ene, 2011 - 14:17:06

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