La verdadera historia del Sombrerón

Ultima actualización: 07 Nov, 2017 - 23:59:41
Esta es la historia del verdadero Sombrerón, un hombre llamado Juan Bayona que vivía en la Antigua Guatemala a finales del siglo XVIII y que fue condenado a llevar un gran sombrero parecido a las alas de un murciélago…

La verdadera historia del Sombrerón

De acuerdo con el notable historiador antigüeño Víctor Miguel Díaz, a finales del siglo XVIII un hombre llamado Juan Bayona fue encarcelado en la Antigua Guatemala al ser acusado de haber cometido un crimen. Mientras aguardaba el juicio en su celda, un día se desesperó y escribió unos mensajes que fueron considerados satánicos. El tribunal de la Inquisición lo condenó a asistir a misa todos los domingos usando un enorme sombrero con forma de alas de murciélago.
Juan Bayona se convirtió en el hazme reír de la ciudad capital. Le apodaron “El Sombrerón” y se burlaban del hombre de pequeña estatura que apenas y se distinguía debajo del enorme sombrero. Hasta que un domingo Juan no asistió a misa. Fue encontrado frío y tieso en una calle de la ciudad, junto al horrible sombrero. Juan Bayona se había quitado la vida.

La historia del verdadero Sombreron

Tras la muerte de Juan, la gente se arrepintió de las burlas proferidas y fue a la iglesia a pedir perdón y confesarse. Pero nada fue suficiente para evitar que el fantasma de su recuerdo los persiguiera hasta la muerte. El resto es leyenda, y aunque pasaron ya más de dos siglos, puede suceder que una de esas noches de luna llena podamos escuchar al Sombrerón cantándole una serenata a una hermosa joven de ojos grandes y cabello largo.




Ver también:

El espíritu de Juan


Me llamaba Juan, Juan Bayona. Nací en 1742 en la ciudad de los Capitanes Generales, de los arzobispos y de los héroes; hombres y mujeres soñadores y alucinados por su amor a la fe. Aún era pequeño cuando murieron mis padres. Aunque un mi tío me recogió y me dio pan y abrigo, siempre fui un niño triste y crecí con muchas penalidades.

En 1772, contaba con 30 años de edad. Mi figura no era muy agradable; tenía una nariz larga y torcida hacia un lado, una boca grande y una hilera de dientes largos. Era de baja estatura y tenía un carácter insoportable.

Una noche, en las calles de Antigua, reinaba un silencio de tumba. Algunos serenos, medrosos y friolentos, se arrefujaban en sus grandes capones, tratando de ver en las tinieblas pero no vieron que asesinaban a un cristiano en la calle de Los Plateros.

Al día siguiente del suceso, las autoridades sospecharon de mí; por eso me encerraron en un calabozo de la cárcel pública. El alcalde era don Francisco Sánchez y allí me quedé.

Pasé varios días pensando en la injusticia de estar preso. Como no era culpable, me daba rabia: no sabía a quien acudir para que me ayudara. Una tarde, para matar el tiempo, escribí en un papel algunas frases que llegaron a las manos del alcalde y del arzobispo.

Ellos se asustaron, dijeron que eran invocaciones satánicas. En mi escrito únicamente pedía ayuda al diablo y a su madre la diabla, a cambio, ofrecía irme con ellos cuando muriera.

Según consta en una acta suscrita el 4 de agosto de 1772, el alcalde de Antigua, Ventura de Naxera pidió al Comisario de la Inquisición y Prevendado de la santa iglesia catedral Antonio Cortés, estudiar el papel y emitir sentencia para su autor.

El tribunal del Santo Oficio, me condenó a que fuera todos los domingos, a escuchar misa en la catedral. Debía llevar los brazos en cruz, la espalda desnuda y la cabeza cubierta con un gran sombrero que parecía alas de murciélago.

Juan Bayona, el verdadero Sombreron
Juan Bayona y su sombrerón, objeto de burla. Imagen: Hemeroteca Prensa Libre

Al principio me resistí pero como la voz de la iglesia era la última palabra, cumplí. Causé risa: la gente se burló de mí y desde entonces, todos me gritaban ¡allí va El Sombrerón!.

El primer domingo fue tan sólo el inicio del largo martirio que Juan Bayona tenía que vivir pero no por mucho tiempo: su extraña estampa, ya familiar entre la gente de su época, no pudo soportar mucho tiempo el ridículo castigo.

Un domingo, desde muy temprano, las campanas de la catedral comenzaron a llamar a misa. La mayoría de feligreses presurosos atendieron su llamado. Sólo uno no lo hizo, porque junto con su horrible sombrero, yacía frío y exánime en una calle de la ciudad.

Al fin, la muerte se había compadecido del infortunio de Juan Bayona dándole su beso fatal. Al propagarse la noticia, Mucha gente se conmovió con un hálito de temor o tristeza. Rezaron por él y le pidieron perdón a Dios y al arzobispo y se confesaron.

Juan murió físicamente pero el fantasma de su recuerdo persiguió a los vecinos de Antigua. Cuentan que después nadie se atrevía a caminar de noche por las calles donde se paseaba aquel hombre del sombrero como de alas de murciélago.

Una leyenda había nacido.


Este artículo se publicó originalmente el 07 Nov, 2017 - 11:55:13

Comentarios ¿Qué opinas? ¡Deja un comentario!


¿Tienes información acerca de este tema para complementar esta nota? ¿Has sido testigo de una noticia que quieras compartir? De ser así, puedes escribirnos a prensa@deguate.com

Por favor incluye un número de contacto si estás dispuesto a hablar con un periodista de Deguate.com. También nos puedes contactar por las siguientes vías:



Aviso: Somos un medio de comunicación digital amplio, laico, apartidario y abierto a todas las opiniones y criterios. Consideramos inalienables los derechos a opinar y ser informado, y estimamos indispensable el debate y el disenso en todos los temas y asuntos.

Nuestros contenidos son para propósitos informativos únicamente. No somos expertos, ni pretendemos serlo. Muchos de los artículos publicados en nuestro sitio son basados en opiniones y deben ser tomados como tales. No somos responsables por las decisiones que los usuarios tomen basados en el contenido de Deguate.com. Por favor investigue a fondo antes de aceptar cualquier información como un hecho.

Los textos publicados en Deguate.com son responsabilidad de sus autores y autoras.


Loading...

linea azul

Comentarios

Comentarios

Nota: los comentarios aquí expresados son responsabilidad de sus autores y no reflejan necesariamente el punto de vista de este medio. Deguate.com se reserva el derecho de eliminar cualquier mensaje que considere inapropiado sin previo aviso.


 

© DEGUATE.COM, S.A. Guatemala. Todos los derechos reservados. Política de Privacidad | Política de Cookies