Traslados de la Capital de Guatemala
Desde la fundación de la primera capital de Guatemala en 1524, rebeliones y desastres naturales obligaron su traslado a nuevas ubicaciones hasta asentarse definitivamente en el Valle de la Ermita en 1776...Fundación de la primera capital de Guatemala
Cuando los conquistadores españoles llegaron a Iximché en 1524, fueron bien recibidos por los kaqchiqueles. Iximché, fundada en el año 1463 DC, era la capital del reino kaqchiquel, y la segunda ciudad más grande del altiplano después de la capital del Reino Quiché: Q'umarkaj.
Ruinas de la capital Kaqchiquel, Iximché, donde se fundó la primera ciudad de Santiago de Guatemala
Los kaqchiqueles forjaron una alianza con los españoles y les proporcionaron guerreros para ayudarlos en la conquista de los demás reinos mayas. Don Pedro de Alvarado procedió entonces, el 25 de julio de 1524, a fundar en Iximché la primera ciudad de Santiago de Guatemala, bautizada así por haberla puesto bajo la protección de Santiago Apóstol.
Se le considera la primera capital de Guatemala porque en este lugar se construyó el primer ayuntamiento y la primera iglesia de Guatemala. En agosto de ese mismo año llegaron procedentes de México 100 españoles para avecindarse, construyendo sus ranchos sin ningun orden.
La alianza entre españoles y kaqchiqueles solo duró pocos meses, ya que los tributos exigidos por los españoles eran excesivos. Los kaqchiqueles abandonaron la ciudad en ese mismo año y Alvarado, temeroso de una emboscada, hizo lo mismo, mandando a quemar la ciudad.

El conquistador de Guatemala, don Pedro de Alvarado, también fue el fundador de las primeras ciudades del país.
Durante 3 años, los españoles vivieron en barracones militares y prosiguieron su campaña contra los kaqchiqueles por 6 años, hasta que éstos últimos se rindieron en 1530.
Primer traslado: Valle de Almolonga
En 1527, los españoles, que aún luchaban contra los kaqchiqueles, vieron propicio el Valle de Almolonga para asentarse. El 22 de noviembre de 1527, día de Santa Cecilia, don Jorge de Alvarado, hermano del conquistador, funda la segunda ciudad de Santiago de los Caballeros (hoy Ciudad Vieja) en las faldas del Volcán Hunapú, hoy conocido como Volcán de Agua.
Placa conmemorativa de la fundacion de la segunda ciudad de Santiago de Guatemala en 1541, hoy conocida como Ciudad Vieja
La ciudad floreció y se desarrolló de forma ordenada. Alvarado mandó trazar las calles en dirección norte a sur y de este a oeste. Colocó la plaza en el centro y dispuso que frente a ella se construyera la iglesia, bajo la advocación del Señor Santiago.

Catedral y plaza de Ciudad Vieja
Señaló el sitio para la construcción de un hospital, en donde "los pobres peregrinos fuesen acogidos y curados"; otro para una capilla y oratorio de Nuestra Señora de los Remedios; cuatro más para un cabido, cárcel pública y propios de la ciudad.
Don Pedro de Alvarado viajó a España y se entrevistó con el emperador Carlos V, recibiendo de él los nombramientos de Capitán General y Adelantado de Guatemala, convirtiendo a la segunda ciudad de Santiago en la primera Capital del Reino de Guatemala.
En ese mismo viaje, don Pedro de Alvarado y su esposa Doña Beatriz de la Cueva solicitan la fundación de la diócesis y la elevación de la iglesia parroquial a Catedral, así como la designación del entonces párroco Francisco Marroquín como primer obispo. Alvarado regresa a Guatemala junto con su esposa y se convierte en el primer gobernador.

Grabado antiguo de Ciudad Vieja
En 1529, el papa Paulo III recibe de manos del emperador Carlos V la solicitud de nombramiento del obispo para la ciudad de Santiago de Guatemala y el 18 de diciembre de 1534, otorga en Roma la categoría de Ciudad a la Villa de Santiago de Guatemala por autoridad apostólica y a su iglesia la jerarquía de Catedral, bajo la advocación del apóstol Santiago. Es así como la iglesia de Ciudad Vieja se convierte en la primera catedral de Centroamérica en 1537 en la primera catedral de Centroamérica.
En 1541, Alvarado, hombre de armas, se desespera y emprende un nuevo viaje hacia el norte de México, donde le ha sido solicitada su ayuda para sofocar una rebelión, y muere en batalla el 4 de julio, quedando como gobernadora su esposa doña Beatriz de la Cueva.

El enorme alud se precipitó desde la cima del Volcán de Agua hacia la ciudad de Santiago en 1541 ocasionando su traslado. Desde entonces se le conoce como Ciudad Vieja.
Tan solo 2 meses después, en la noche del 10 al 11 de septiembre de 1541, un enorme alud se desliza por las faldas del Volcán de Agua y destruye gran parte de la ciudad de Santiago. En el desastre muere soterrada doña Beatriz. El obispo Francisco Marroquin y Francisco de la Cueva deciden con el Cabildo trasladar la ciudad al Valle de Panchoy.
Segundo traslado: Valle de Panchoy
Un año y medio después del desastre del Valle de Almolonga, se funda la nueva ciudad de Santiago de los Caballeros, con fecha 10 de marzo de 1543, y por 233 años sería la capital del Reino de Guatemala, que abarcaba desde el estado de Chiapas en México hasta Costa Rica. Con la construcción de la nueva ciudad de Santiago de los Caballeros, los pobladores empezaron a llamar a su antecesora "Ciudad Vieja".Esta ciudad, como la anterior, se desarrolló de manera ordenada, con un trazo en parrilla, calles y avenidas empedradas y perfectamente alineadas. Se construyeron varias iglesias, fuentes y parques.

Mapa actual de la Antigua Guatemala
Desde sus inicios, su historia estuvo estrechamente vinculada con movimientos sísmicos. En la segunda mitad del siglo XVI y durante todo el siglo XVII se registraron numerosos temblores y erupciones volcánicas que causaban algunos daños, pero a pesar de ello siguió creciendo, surgiendo nuevos barrios en su periferia. La ciudad de Santiago de los Caballeros se convirtió en una de las más hermosas de América, rivalizando con la ciudad de Mexico y Lima pero a una mucho menor escala: para 1770 contaba solo 25,000 habitantes.

Grabado de Antigua Guatemala con el imponente Volcán Hunapú hoy conocido como Volcán de Agua. El Volcán de Fuego en erupción se aprecia a la derecha.
En el siglo XVIII, el primer terremoto de importancia en Santiago se registró en 1717. Además de la ruina de los edificios, muchos habitantes huyeron presos de rumores y patrañas que corrieron entre la población, y que hicieron creer a los vecinos que la ciudad se hundiría y se convertiría en una laguna.
Existe cierto paralelismo entre el terremoto de 1717 y el de 1773. En ambos la población se dividió entre quienes deseaban que la capital permaneciera en el mismo lugar y los que querían su traslado. Unos alegaban que la destrucción había sido tan grande que no quedaba piedra sobre piedra y que resultaría muy caro reconstruir la ciudad. Además, se decía que la proximidad de los volcanes hacía insegura la situación de la capital. Los otros respondían que muchos templos habían quedado en buen estado, que los vecinos estaban reparando sus casas y vivían en ellas y que volcanes y temblores `son plaza común en toda América'.

Pintura de Santiago de los Caballeros de Guatemala, hoy mejor conocida como Antigua Guatemala
La primera polémica puede considerarse como un prólogo a la que se suscitó 56 años después. La discusión se prolongó por unos años, pero la decisión del Rey fue negar la autorización para el traslado, que era la postura del Gobernador Francisco Rodríguez de Rivas.
El Terremoto de Santa Marta, 1773
Martín de Mayorga hizo su entrada en la ciudad de Santiago precedido por malos presagios: esa tarde se sintieron fuertes temblores y el Real Palacio sufrió algunos daños. Desde días antes de su llegada un fuerte temporal azotaba la ciudad y pueblos del valle. Además, el Río Pensativo se había desbordado e inundado el oriente y el centro de la ciudad.
El 29 de julio a las tres de la tarde se sintió un temblor que hizo salir de sus casas a los vecinos, circunstancia providencial porque a los pocos minutos sobrevino el gran terremoto, seguido por continuos temblores y fuertes lluvias que duraron toda la noche.
Los primeros problemas fueron la falta de agua, por la rotura de los acueductos, y la escasez de alimentos porque los indios de los pueblos vecinos que abastecían la capital habían huido a los montes cercanos, donde se sentían más seguros. Las autoridades dictaron las órdenes consiguientes para reparar los caminos, arreglar los hornos de las panaderías y componer las cañerías. También se estableció una carnicería provisional en la plaza mayor, por haber quedado inutilizables las que venían funcionando anteriormente. En los primeros días, para suplir la falta de pan y tortillas, se repartieron entre los vecinos, por cuenta del real erario, unas 200 petacas de bizcocho que estaban destinadas al abasto del Castillo de Omoa.

Hermosa vista de la Antigua Guatemala desde el Cerro de la Cruz con el imponente Volcán de Agua al fondo
Pero fue hasta el gobierno de Matías de Gálvez, de 1779 a 1783, fecha en que se dio por trasladada definitivamente la capital. Matías de Gálvez dictó órdenes severas de abandonar la antigua capital y de arrasar todos los edificios, conventos, fuentes y cuanto había quedado en pie después del terremoto. Felizmente, no se cumplieron tales órdenes.
Tercer traslado: Valle de la Ermita
El traslado y construcción de una nueva capital en el último cuarto del siglo XVIII fue un hecho extraordinario en la historia de Hispanoamérica. Se produjo en medio de una gran polémica entre sus habitantes, llegando a formarse dos bandos irreconciliables: los capitaneados por el arzobispo Pedro Cortés y Larraz y los miembros del Ayuntamiento, contrarios al traslado, y los dirigidos por el presidente de la Real Audiencia de Guatemala, Gobernador y Capitán General Martín de Mayorga, los oidores y algunos vecinos partidarios de trasladar la capital a un lugar más seguro, lejos de los volcanes a los que culpaban de ser los causantes de los terremotos.Las Juntas de Agosto
El 2 y el 4 de agosto se celebraron unas `juntas generales' presididas por Martín de Mayorga y compuestas por los oidores, miembros del Ayuntamiento, oficiales reales, el Arzobispo, algunos miembros del Cabildo Eclesiástico y los prelados de las órdenes religiosas.
En ellas se acordó informar al Rey de la destrucción de la ciudad y de la urgente necesidad de trasladarla a otro paraje que no estuviera tan inmediato a los volcanes, con los cuales se vinculaban los repetidos temblores. La mayoría de los presentes se inclinó por el traslado provisional a La Ermita, a la espera de la decisión del Rey y del Consejo de Indias, aunque hubo ya algunos que se opusieron a la mencionada traslación por considerarla muy costosa.
El maestro mayor de obras, Bernardo Ramírez, a quien se había encargado revisar los edificios de la ciudad, participó también en las juntas citadas. En su dictamen expuso que todos los templos, conventos, casas de comunidades y de particulares se hallaban inhabitables y que los fragmentos de las ruinas amenazaban a cuantos transitaban por las calles. Su opinión era que la ciudad no se debía volver a edificar en el mismo lugar, por la proximidad de los volcanes y porque sería muy costoso derribar lo que aún quedaba en pie y quitar los escombros.

Hermosas ruinas en Antigua Guatemala
También Fray Francisco Gutiérrez, diestro en materias de arquitectura, después de reconocer los edificios de la ciudad, informó que para volverla a edificar en el mismo lugar era necesario desmontarlo todo, y calculó el costo de este trabajo en unos seis o siete mil pesos por cuadra. Su recomendación era que la ciudad se trasladara a otro lugar. Hay que tener en cuenta que ambos dictámenes se emitieron a los seis días del terremoto, cuando aún continuaban los temblores y los ánimos no se habían tranquilizado.
En otra junta general, celebrada el dia 9 de agosto, se acordó nombrar comisiones que estudiaran los valles de Jalapa y de La Ermita, para decidir cuál podría resultar más conveniente como posible asiento de la nueva ciudad. A los miembros de estas comisiones se les entregaron instrucciones sobre la forma de llevar a cabo los reconocimientos y los diversos aspectos que debían considerar. Estas instrucciones reflejaban lo estipulado en la Recopilación de las Leyes de Indias sobre fundación de ciudades, que a su vez se recogían las Ordenanzas de Población de 1573 dictadas por Felipe II.
El 12 de agosto marcharon al establecimiento provisional de La Ermita los miembros de la junta de la Real Hacienda, custodiando parte del dinero de las Cajas Reales.
El paso de los días fue calmando los ánimos y a fines de agosto muchos de los que al principio estuvieron de acuerdo en abandonar la ciudad cambiaron de parecer ante las dificultades e incomodidades que ello implicaba. El encarecimiento del transporte y de la mano de obra, la escasez de madera y de otros materiales de construcción, así como de operarios, disuadió a algunos de los partidarios del traslado. Los vecinos que en los días inmediatos al terremoto se habían marchado a Villa Nueva, Petapa, Mixco y otros lugares, para ponerse a salvo de los continuos temblores, regresaron poco a poco a la capital y comenzaron a reparar sus casas. Sin el empecinamiento del Gobernador Mayorga, es posible que la idea del traslado hubiera quedado olvidada como en ocasiones anteriores. Pero dicho alto funcionario salió de Santiago el día 6 de septiembre para establecerse en La Ermita. Dejó en la ciudad a 130 hombres de milicia.
El 13 de diciembre se sintieron en Santiago dos nuevos temblores, que cortaron el camino hacia La Ermita, arruinaron varios de los hornos construidos desde julio y dislocaron nuevamente los conductos de agua. Los sismos continuaron en los días sucesivos, con lo cual se fortalecieron los argumentos del grupo partidario del traslado.
A fines de enero de 1774, el Consejo de Indias, después de recibir los informes de lo acontecido en la capital de Guatemala, aprobó el traslado interino a La Ermita resuelto por Mayorga y advirtió a dicho funcionario que no permitiera que se hicieran obras formales en el nuevo sitio, y tampoco en la capital arruinada, hasta que el Rey no determinara lo más conveniente.
En un informe del 30 de abril de 1774, el Ayuntamiento de Guatemala expuso que, si bien en el primer momento todos habían votado por el traslado, pasados los meses ya no se veía la conveniencia de éste, porque los temblores también se sentían en el establecimiento provisional de La Ermita y que si no hacían estragos era porque no había edificios.
El Arzobispo y las órdenes religiosas también expresaron su renuencia al traslado aunque aún no se oponían abiertamente al mismo. Pero cuando se recibió la real cédula del 21 de septiembre de 1775 en que se ordenaba expresamente `...que ninguna clase de censo impuesto en las casas de la Antigua Guatemala pueda recaer ni subrogarse en parte alguna sobre los solares ni edificios de la nueva ciudad', la postura de los religiosos sobre el traslado se hizo más radical y se opusieron tenazmente al proyecto.
Terronistas y Traslacionistas
Poco a poco se perfilaron dos grupos entre la población de Santiago: los `terronistas', que no querían abandonar la ciudad, y los `traslacionistas', partidarios de cambiar la capital de lugar.
Los del primer grupo pertenecían el Arzobispo, el Cabildo Eclesiástico y las órdenes religiosas, que perdían sus iglesias, conventos y propiedades y con ellas los censos, capellanías y obras pías, de las cuales dependía buena parte de su poder económico. También eran parte de este grupo las familias criollas adineradas, algunos de cuyos miembros conformaban el Ayuntamiento, que se veían obligados a alejarse del solar de sus mayores, y a perder casas, rentas y negocios. La misma posición adoptaron los artesanos, que debían abandonar sus talleres, y los indios, forzados a dejar sus pueblos, tierras y siembras. Todos ellos se opusieron tenazmente al traslado y expusieron al Rey y al Consejo de Indias sus razones sentimentales, económicas y jurídicas.
Los principales representantes del lado de los traslacionistas fueron el Gobernador Mayorga, los oidores de la Audiencia y otros funcionarios menores llegados de España, además de los vecinos que tenían comprometidos sus haberes en censos y otros gravámenes y que con la mudanza esperaban liquidar sus deudas.
Ambos bandos utilizaron abundantes argumentos para defender y promover sus posiciones. La mayoría de la población no permaneció al margen de la polémica, pero no se comprometió por lo menos abiertamente con los bandos en pugna. Los sectores populares no educados ni organizados en grupos de interés o de presión, no estaban en capacidad de expresar claramente sus puntos de vista.
Fundación de la Nueva Guatemala de la Asunción
Indudablemente el sector terronista fue el que contó con mayores simpatías, pero la tradición de obediencia a la autoridad hizo que los vecinos aceptaran, aunque a regañadientes, las disposiciones del gobierno, sobre todo después de la llegada de la real cédula que ordenaba el traslado definitivo, hecho que ocurrió el 1 de diciembre de 1775.

Planos de Guatemala, 1778
Así pues, el 2 de enero de 1776 se reunió por primera vez el ayuntamiento en el asentamiento de la Ermita y se fundó la Nueva Guatemala de la Asunción, cuarta y definitiva capital del Reino de Guatemala. Una placa frente a la Parroquia de la Santa Cruz, al inicio de la calzada Milla y Vidaurre conmemora el hecho. El nombre de la nueva ciudad fue decretado por el Rey de España el 23 de enero de 1776. Hoy, la conocemos como "Ciudad de Guatemala".

Placa de la fundación de la Ciudad de Guatemala

La moderna ciudad de Guatemala
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